martes, 19 de junio de 2007

La vida es un tango y hay que saberlo bailar


Querida abuelita Ángela:

Comienzo a despedirme de ti. Hoy, lunes, 18 de junio supe que estás muy mal. Que no reaccionas ante ningún estímulo. La última vez que te vi todo estaba normal, jamás pensé que te irías tan pronto. Para mi es pronto porque sólo llevo 21 años junto a ti. Pero sé que tú ya quieres descansar. Estos 97 años en esta tierra han sido muy pesados y Dios ya te quiere llevar con él.

Abuelita, desde que supe lo que te pasa no he llorado. Trataré de no hacerlo, sé que nos amas tanto que sé que puedes sentir que estamos sufriendo por ti. Mañana cuando te vea espero llegar a tiempo para decirte al oído esa oración que tanto te gusta y que siempre me recitabas cada vez que te iba a ver. Abuelita, hoy me siento más cercana a ti que nunca, por eso te estoy tuteando, no creas que es de irrespetuosa. Abuelita, quiero que sepas que eres una de las personas que más amo en el mundo. Eres la persona más linda que he conocido. Eres tan atenta, tan generosa, has dado todo lo que has tenido por tus seres amados, eres servicial, honesta, optimista, tan simpática y cariñosa. Abuelita, yo te amo mucho. Gracias por enseñarme tantas cosas, por ser el mejor ejemplo de persona buena. Abuelita, sólo hiciste unos cuantos cursos de la básica para dedicarte a criar a tus 10 hermanos menores, y, sin embargo, eres tan inteligente. Siempre puse mucha atención a todo lo que tenías que decirme. Tu visión de la vida y de cómo había que actuar en ella era admirable y digna de reproducir. Abuelita, me tiembla un poco todo al escribir esto, pero sé que debo ser fuerte y dejarte partir. Bailaste demasiado bien este tango y te ganaste el premio muy merecido de ir a descansar junto a Diosito. Abuelita, tienes el lugar más grande para ti en mi. Gracias por mostrarme lo lindo que es leer, por darnos a todos una lección de generosidad, de dar lo que uno más pueda siempre. De ser cariñosa al extremo. Nunca me voy a olvidar de tus empadadas, de las cazuelas, de tantas veces que me fuiste a cuidar a casa cuando no teníamos con quién quedarnos. La única vez que te vi llorar fue una vez que te pisé un pie sin querer. Me sentí tan mal abuelita. Sé que tus pies siempre te dolieron mucho y que tenías muchas heridas. Nunca más te vi llorar porque siempre fuiste la mujer más fuerte de la familia. Nos cuidaste siempre, a cada nieto trataste con mucho amor sin hacer distinciones. Lo mis ocurrió con nosotros, tus bisnietos. Gracias por entenderme, por hablar tanto conmigo, a mi siempre también me gustó mucho hablar contigo. Cuando te quedabas en casa siempre usabas mi pieza, te traía tu yogur soprole que tanto te gustaba y te comías la mitad antes de dormir. Siempre te fascinaron las noticias y yo no tenía molestías con que la pusieras tan fuerte porque eras media sordita. Siempre me contabas las mismas historias, las mismas vivencias, las que más te gustaron o las que más te impactaron. Cuando se te olvidaba un trocito yo te las completaba y me preguntabas que cómo sabía yo eso. Abuelita, me contaste 100 mil veces las mismas historias pero yo las escuché con atención por eres la mujer más sabia y siempre querías enseñar algo con ellas.

Has enterrado a tus padres y a varios de tus hermanos menores. Sé que es tiempo de que descanses tú también. No puedo rebelarme ante Dios. Él me regaló la mejor bisabuelita que se puede tener y por tantos años más encima. Abuelita, eres la persona que más admiro de toda la gente que conozco. Aquí en la tierra no creo que haya nadie mejor que tú. Me da mucha pena tu partida porque habrá un vacío muy grande en mi corazón con tu ausencia en la tierra. Sin embargo, sé que desde el cielo tú comenzarás a llenar todos nuestros corazones y que finalmente ya no tendremos tristeza sino sólo agradecimiento por haberte tenido tantos años con nosotros.

Para mi abuelita eres un ángel precioso, un ser que nunca le hizo daño a nadie, que siempre dijo la verdad, que siempre estaba preocupada por el resto, que siempre trató de solucionar los problemas de todos. Una persona que siempre fue a auxiliar a los demás incluso sin ser llamada, que siempre compartía lo poco o lo mucho que tenía. Abuelita, gracias por ser tan hermosa, por haberte preocupado siempre de nosotros. Por tener en tus oraciones siempre a personas que ni siquiera querías y que te hicieron daño. Abuelita, sé que extrañas mucho a tus seres queridos que te esperan en el cielo. Sé lo mucho que debes querer abrazar al abuelito Carlos otra vez. Dile que aunque no tuve la suerte de conocerlo lo quiero mucho porque sé que él te hizo muy feliz.

Sé que ya he hablado muchas veces de tu generosidad en la carta pero es una actitud demasiado linda y recurrente en ti. No me voy a olvidar nunca que cuando cualquier familiar te regalaba algo tú ibas y lo regalabas a alguien que tenía menos. Siempre te desprendías de todo. Dabas lo mejor que tenías y te quedabas con lo peor porque a ti esas cosas materiales no te importaban.

Abuelita, gracias por ser la luz más preciosa que iluminó la vida de toda nuestra familia. Siempre estarás en nuestros recuerdos. En los recuerdos más hermosos que se pueden tener de una persona. Te amo abuelita y te voy a amar para siempre.

Tu bisnieta,

María Fernanda (la Fernandita, como me decías tú).


Pongo aquí esta oración que le encantaba a mi abuelita. Por favor, les pido que la digan por ella:


"Señor, hace ya mucho tiempo, que al dolor de la carga, se ha curvado mi espalda y astillado mi hombro. A pesar que mi senda día a día se alarga, no suplico tu gracia, ni siquiera te nombro. Fui rebelde señor, pero tú te vengaste, tu venganza fue cruel y el dolor que me diste, te llevaste a la amada que tú mismo formaste, como agua de clara, como todo de triste. Fue una noche de enero, tibia, azul, luminosa, su alba carne de ensueño, palpitó estremecida, al sentir en su vientre la tortura gloriosa, de otra vida pequeña que llegaba a la vida. Con a fe más intensa con la unción más profunda, te dijeron sus labios la palabra de amor. Fortalece señor mis entrañas profundas y hazle blando el camino, a este nuevo dolor.

Pero tú no escuchaste su plegaria bendita, hecha en lágrima y en sangre y empapada en piedad, se perdió sollozando en la noche infinita y sus ojos cerraste, para siempre, jamás. Y es por eso que ahora que mis labios te nombran, la palabra me sale dolorosa y amarga. Y es porque siento su recuerdo en la sombra y la pena se ahonda y el camino se alarga. Y es por eso que vago, por senderos sin luces encorvado a la tierra, donde duerme mi amor y en la paz de las noches yo me tiendo de bruces, y me abrazo a la tierra como a su corazón."

3 comentarios:

Raffa >:3 dijo...

Aaaah prima ke lindo u_u
Te kiero *-*

Daniela dijo...

Mi niña linda:
De todo el tiempo que te conozco, siento que conozco a tu abuelita Ángela. Siempre se ha notado lo mucho que la quieres y siento en el alma lo que te está pasando.... Y me alegra mucho que estés tranquila, pero recuerda que no siempre tienes que ser la fuerte.

Te quiero mucho, siempre te he dicho que eres la hermana mayor que nunca tuve... y por eso mis pensamientos siempre estarán contigo... Toda mi fortaleza, mi ánimo y mi temple te los mando para que puedas afrontar lo que tenga que pasar. Te juro que te entiendo demasiado.

La abuelita Ángela estará en mis oraciones

Con el cariño de siempre, tu Sis

Anónimo dijo...

que lindo lo que escribiste de tu abuelita, yo tambien tengo nietos y pido a Dios que sean como tu espero algun dia un cambio