domingo, 1 de julio de 2007

De las muertes.

Mi abuelita Ángela partió de noche, sin molestar a nadie. Las tías se consolaban con que "partió en el sueño". Se fue alrededor de las 7 am del día 21 de junio de 2007. Aquella noche sentía algo extraño, me invadió la pena de una manera demasiado rara. No podía dormir tampoco. Sólo logré conciliar el sueño a eso de las 4:30 am. Lo sé pues esa fue la última vez que vi la hora antes de dormirme. Esa noche tembló. Al temblar me levanté al baño, ya no tenía pena pero sí la sensación extraña de que podría encontrarme con mi abuelita en los pasillos de mi casa. Tenía la firme convicción de que había muerto. Me mojé la cara y al salir del baño, recorrí con la mirada el living de mi casa, con algo de temor. El temblor fue a las 6 am aproximadamente. Ya a las 7 desperté y no podía dormir más. A eso de las 8 y tanto suena el teléfono. Vi el visor del teléfono y era mi mamá. No alcanzó a decir palabra y la increpé con la pregunta. Era cierto, había muerto. Atiné a pararme y hacer un sinfin de cosas. Lavé, recogí ropa, ordené, me duché, etc, etc, etc. Todo eso llorando. Sin embargo no podía parar de hacer cosas, necesitaba tratar de no pensar. De tanto llorar, me surmergí en un profundo sueño. Sólo desperté alrededor de las 12 pm, momento en que mi mamá y mis abuelos llegaron. Fue extraño hacerse la fuerte y no llorar más en todo el día. Varias amigas se ofrecieron a venir a verme. Yo no necesitaba nada de eso. Si ellas venían, yo sería la pobrecita y la que necesitaba consuelo. Claramente sentía que era yo la que tenía que mantenerse firme y acoger a los demás. No es hacerme la heroina ni algo así. Es que simplemente nunca había muerto alguien tan querido para ninguno de nosotros. Ni para mis abuelos, ni para mis hermanos ni para mi mamá. Cuando entré al velatorio fue rara la sensación que me produjo el ataúd. No quería acercarme a él. Quería, como dice el cliché, "quedarme con la imagen de mi abuelita como cuando estaba viva". Sin embargo, entendí que para asumir de mejor manera posible todo lo que estaba pasando tenía que ver su cara por última vez. Me acerqué con algo de pena pero luego sentí mucha calma. Sabía en el fondo que no era ella la que estaba ahí. Sabía que su espíritu nos estaba mirando y estaba con Dios. Tenía la cara muy hinchada lo que hacía que se le vieran muy poquito las arrugas. Tenía una mueca extraña. No estaba feliz pero tampoco triste. Estaba como calmada pero atenta....no sé. Creo que aunque ella decía siempre que debía partir le costó irse. Quizá se sentía muy responsable por lo que podría ocurrir con su partida. Esos días fueron muy familiares, tal como a ella le gustaba. El viernes la enterramos. Lamentablemente el tiempo no nos acompañó. A pesar de haber llevado paraguas quedamos todos mojados. Llovía tremendamente. Su hermano Raúl, uno de los pocos que va quedando con vida dijo unas palabras, sin embargo, nada pude escuchar. Antes del entierro en sí, se le hizo una misa católica. Me apestó la actitud del cura. Prácticamente nos apuró con la mirada, pues mis hermanos y yo leímos cada uno algo que escribimos para ella. No dejó leer a una tía. Fue una rotería que mi abuelita no merecía pero bueno, tampoco podíamos armar un escándalo. A pesar de todo ello creo que fue lindo que hayamos estado quienes realmente queríamos a mi abuelita.
El sábado por la tarde recibí la llamada de mi papá. Mi abuelo Gustavo (su padre) había tenido un infarto cerebral y estaba en coma. Papá partía a las 6 a Alemania con el corazón medio destrozado. Mi papá y yo nunca hemos sido muy sentimentales entre nosotros, sin embargo que se le estuviera muriendo su papá me dio mucha pena y me tuvo muy distraída. Incluso en estos momentos me siento con un pedazo de mi en Alemania, haciéndole cariño en la espalda. Yo estoy bien pues nunca tuve mucha relación con ese abuelo. Por lo demás me dediqué a juzgarlo duramente mientras estuvo con vida. Siento que ahora no me corresponde hacerlo. Tengo que respetar este momento. Murió hoy y mi papá estuvo a pocas horas de llegar. Tengo que respetar su dolor. Por lo poco que pude hablar con él me dijo que siente que no hizo suficiente. Como me gustaría hacerle entender que está muy equivocado, pero mi papá es una de las personas más porfiadas que conozco. Me preocupa mucho el tío Álvaro (hermano de mi papá). Nunca hemos conversado mucho pero yo le tengo muchísimo cariño. Me preocupa porque él sí que no tenía relación con su padre. Desde mi punto de vista era totalmente comprensible. Pienso qué se debe sentir eso y no logro imaginármelo bien. Me gustaría decirle que el hecho de que él lo haya juzgado es algo muy personal de él y que nadie le tiene que recriminar nada pues él vivió el dolor del abandono. Sería difícil para mi llamarlo, no sé si pueda hacerlo. Hablé con mi tía Tan y con el tío Mauro (otros hermanos de mi papá) pero llamar al tío Álvaro me produce una cosa rara. Me gustaría decirle que entiendo la actitud que tuvo con su padre, que se quede tranquilo y que tiene mi comprensión y mi apoyo. Pero puede que él en estos momentos esté experimentando arrepentimiento hacia todo ello y mis palabras lo hagan sufrir. No podría decirle otra cosa. Otra cosa no siento. Estaría mintiendo. Quizá lo mejor sea callar. Me tranquiliza que mis primas están con él.
Es tan extraño comparar para mi estas dos muertes. Por un lado, fue tan dolorosa la partida de mi abuelita Ángela y, por otro lado, no me sensibiliza mayormente la partida de mi abuelo paterno. Me da muchísima pena por mis tíos y sobre todo por mi papá, a quien adoro aunque nunca se lo digo. Me da rabia y pena que esté pasando por esta situación, sin embargo, al no tener contacto con ese abuelo nada extrañaré de él.
Cuando leí el fotolog de mi prima Rafa me conmovió ver el corazón lindo que tiene. Rescató lo bueno. Ojalá yo algún día pueda hacer eso también.

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