martes, 28 de agosto de 2007

Cambio de vida

Lo más difícil fue ponerle nombre a esta entrada: podría ser...odio el transantiago, quiero dormir siesta cucharita con mi pololo, cuándo veré el panorámico otra vez, por qué me queda todo tan lejos, por qué nadie plantó árboles en esta avenida. En fin...suma y sigue.
Resulta que hace un mes me cambié de casa y de barrio. De mi amada Providencia llegué a Las Condes. Acá todo es más rancio de lo que pensé. Viví tantos años en Providencia y nunca nada me pasó. En cambio acá la primera semana le mostraron un cuchillo a mi hermano en señal de pásamelo todo o te mueres.
Este barrio y me atrevería a decir esta comuna no tiene onda. Providencia la llevaba, estaba todo cerca y tenía avenidas con árboles enormes y preciosos. Los amaba aunque me provocaban una alergia atroz.
Otro punto negro que surgió por el cambio es que mi pololo al vivir en Quinta Normal literalmente tiene que cruzar todo santiago para venir a verme. Ya no podemos dormir siesta cucharita como antaño. Mi ex-casa quedaba a 3 estaciones de la facultad y era menos complicado ir y venir.
Para rematar inventaron esta estupidez del transantiago. Yo que nunca sufrí los embates de dicho "plan estrella del gobierno", ahora me veo totalmente sobrepasada por él. Es que estar más de una hora y 20 en una micro parada y pegada a la gente con varios códigos en la mochila no se lo doy ni a mi peor enemiga.
Mi pieza aún no tiene pies ni cabeza. Está todo tirado y no me dan ganas de ordenarlo, es algo así como una prórroga a mi pieza anterior....digamos...un homenaje.
Sé que es feo que me queje. Que el departamento es muy bonito y que hay varias comodidades que el otro no tenía. Pero es que deberían ver este barrio. Los árboles son flacos y tristes, no dan ganas de salir a caminar a ningún sitio. Mi calle favorita es Lyon, y cómo me voy a olvidar de lo linda que se ve la Municipalidad de Providencia en Navidad. Aquí no hay flores y hay muy poco pasto. Lo único que "adorna" el paisaje son autos y locales comerciales. La cordillera no me consuela. Estoy acostumbrada a ella, en mi otro departamento también la veía perfecta.
A Amélie también le ha costado acostumbrarse. Refunfuña porque se pierde, se le olvidó que tiene que hacer sus necesidades sobre el diario de la cocina. Mamá ha recibido múltiples regalitos de Amélie en su pieza. La distribución de la casa la confunde, los primeros días lloró mucho.
Tengo sueño y esta queja no quiere terminar pero debe hacerlo. Ni les cuento a la hora que me levanto ahora.
PD: Vayan al cine a ver "La vida de otros". Es una película sobresaliente.