sábado, 28 de junio de 2008

Carta sin destino

La vida es como una partida y hay que vivirla de acuerdo con las reglas del juego.
-Sí, señor. Ya lo sé. Ya lo sé.
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Si la chica es guapa, ¿a quién le importa que llegue tarde? Cuando aparece se le olvida a uno enseguida.
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Nuestro recibidor huele como a ninguna otra parte del mundo. No sé a qué. No es ni a coliflor ni a perfume, pero se nota enseguida que uno está en casa.
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-Entonces abogado como papá.
Supongo que eso no estaría mal, pero no me gusta. Me gustaría si los abogados fueran por ahí salvando de verdad vidas de tipos inocentes, pero eso nunca lo hacen. Lo que hacen es ganar un montón de pasta, jugar al golf y al bridge, comprarse coches, beber martinis secos y darse mucha importancia. Además, si de verdad te pones a defender a tíos inocentes, ¿cómo sabes que lo haces porque quieres salvarles la vida, o porque quieres que todos te consideren un abogado estupendo y te den palmaditas en la espalda y te feliciten los periodistas cuando acaba el juicio como pasa en toda esa imbecilidad de películas? Eso es lo malo, que nunca llegas a saberlo.
-Papá va a matarte. Va a matarte.
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Esta caída que te anuncio es de un tipo muy especial, terrible. Es de aquellas en que al que cae no se le permite llegar nunca al fondo. Sigue cayendo y cayendo indefinidamente. Es la clase de caída que acecha a los hombres que en algún momento de su vida han buscado en su entorno algo que éste no podía proporcionarles, o al menos así lo creyeron ellos. En todo caso dejaron de buscar. De hecho abandonaron la búsqueda antes de iniciarla siquiera.
-Creo que un día de estos averiguarás qué es lo que quieres. Y entonces tendrás que aplicarte a ello inmediatamente. No podrás perder ni un solo minuto. Eso sería un lujo que no podrás permitirte.
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A todos los que vinieran a visitarme les pondría una condición. No hacer nada que no fuera sincero. Si no, tendrían que irse a otra parte.
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Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde del precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar a dónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno.
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No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo.




[Trozos...El guardían entre el centeno]

martes, 24 de junio de 2008

El bodeguero

Un tema del CD, que lo disfruten.

Carmen Corena, una joya del pacífico

Hace un par de fin de semanas, a propósito del "día del padre", nos juntamos como cada domingo a almorzar en casa de papá. Me contó que hace unos días se había pegado una escapada al Cinzano. Me mostró un CD que compró en la aventura y sonaba tal cual como recordaba la primera vez que fui.
Fue hace varios años que conocí el Cinzano y nunca más fui. No es que no haya querido, simplemente las veces que he estado en Valpo nuevamente no me han dejado tiempo para volver ahí. Recuerdo que debo haber tenido unos 15 ó 16 años y después de cenar en el Turri, papá dijo que no nos podíamos ir a dormir sin ir al Cinzano. Yo estaba muerta de sueño y la verdad es que tenía la panza llena. Ir a comerme una chorrillana no me hacía mucha gracia en la madrugada.
Cuando entramos al bar me quedé pegada mirando la cantidad de copete que había en las repisas, ¡Santo Dios, aquí chupa todo el puerto!
Ya instalados en nuestra mesa me pedí un helado porque apenas podía tragarme el aire viciado del cigarro que no se escapaba por ninguna parte de ese local. Después de quejarme un rato, me percaté que había una banda de gente ya mayor tocando. Se me olvidó todo, se me olvidó el humo, el sueño, el ardor de la garganta, la molestia en los ojos, los cantos de los comensales: TODO. Me quedé mirando y escuchando al grupo hasta que nos fuimos. Por mi, no me iba.
Esta entrada a propósito de la muerte de Carmen Corena (Bertina Campusano). Justamente le pregunté a papá ese fin de semana qué pasaría cuando alguno de ellos muriera. Me respondió que seguramente el Cinzano moriría con ellos y por eso estaba contento de haberse comprado el CD porque seguramente ya pronto nos irían dejando uno a uno.
Ahora leo sobre ella y me entero de que pretendía grabar un disco de solista. Una pena que no haya podido ser. ¿por qué nadie se preocupó de hacerlo antes? ¿por qué el mercado es tan injusto que tenemos niñitas explotadas de 5 años cantado tonterías en vez de mujeres con casi 50 años de trayectoria?
La semana pasada papá me pasó a buscar para llevarme a la U. Nos fuimos escuchando el CD. Me prometí que volvería al Cinzano antes de fin de año. Demasiado tarde.