miércoles, 16 de julio de 2008

El Fin

No, no asiduo lector...no se confunda. Este NO es el fin de este blog. Aunque sí es el tema que nos convoca hoy.
Siempre he odiado los finales tristes, que por más que sean los más fidedignos, son los de gusto amargo y de lento digerir.

Cada vez que pienso en el fin de algo me viene la nostalgia por anticipado. Así que como ya me había tragado toda la nostalgia unos días antes, por fortuna, hoy no me dio por llorar en la cena de fin de ciclo de civil.

Digámoslo con todas sus letras, soy una pendeja. Y como tal, me encariño fácilmente con los seres que están a mi alrededor, me cuesta encontrar cosas realmente malas en la gente.
Así fue como en civil II, primer semestre de segundo año de la carrera arribé al curso de civil del profesor Tapia. Al principio, como todo buen profesor, sacó garras para demostrarnos que la cosa no era chacota. Un par de semestres después ya teníamos un lugar en su corazón y recordaba nuestros nombres a la perfección.
Me encariñé con él de inmediato. Es que siempre he tenido un cariño entrañable hacia los profesores que la mayoría de la gente odia. Así fue como muchos desfilaron por los civiles de Tapia y, como dice él, algunos murieron...otros simplemente se fueron. La gente tiende a confundir el ser estricto con ser mala onda, el ser puntual con ser estructurado (rayando en lo cerrado), el ser directo con ser pesado. Una de las virtudes que le concedo al Colegio Alemán es haberme enseñado a no confundirme.
Ser tan cabra chica como yo tiene una cualidad que no quiero perder. Casi nunca dejo de creer en la gente por anticipado. Siempre les doy una oportunidad, es así como no me dejé llevar por la primera impresión y agradezco el hecho de que él tampoco se dejó llevar por la primera impresión que le dimos nosotros.

El profesor Tapia fue lo más cercano a profesor jefe que hemos tenido. Para los que no saben tuvimos 5 civiles con él (acto jurídico, obligaciones, bienes, responsabilidad civil extracontractual y familia). Imagínense lo que es compartir con un profesor 3 veces a la semana durante 5 semestres. Díganme si no es como para encariñarse. Pues bien, como el fanatismo es una de mis características, prácticamente, le tengo un altar junto a Andrés Bello y le prendo velitas.
Hoy fue la cena de despedida del ciclo, y como todas las despedidas tuvo su cuota triste. Me refiero a los discursos finales que si bien a ratos me empeñaron la mirada no me hicieron derramar lágrimas. Resulta que en el fondo estoy feliz. Y feliz por varias cosas...de partida por haber sido alumna de este gran profesor, por haber leído todos los textos que leí y tener una visión tan amplia del derecho civil gracias a ello, feliz de haber compartido con mis compañeros queridos este ciclo y feliz por haber encontrado el camino.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es definitivo: los clichés son portadores de una increíble sabiduría (a la altura las sagradas escrituras... LOS OPUESTOS SE ATRAEN