viernes, 25 de julio de 2008

Te di mi corazón y tú lo regalaste

Días difíciles. Tengo una amiga que adoro con pena. Se fue a la cresta un amor que se prolongó por más de 2 años. Es triste cuando eso pasa, nos da lata a todos los que estamos alrededor. Pero es más penoso todavía cuando las cosas terminan porque uno decide mirar para el lado.
Estoy hasta la coronilla de que la gente no se tome la vida en serio. ¿Es tan difícil entender que el actuar de uno puede cagarle la vida a otra?
Justamente mientras escribo Amaia me canta el título de esta entrada "te di mi corazón y tú lo regalaste", ¿qué chucha les pasa, hombres y mujeres? ¿No se dan cuenta que cuando uno tiene una relación seria carga con los sentimientos de la otra persona?...Cada actitud, cada palabra, cada omisión tiene un efecto importante en el otro. ¡Demonios! Se trata de la persona que dices amar, no del cajero del banco. Weón, hasta mi perra es más fiel que un hombre.
Estamos hablando de una chica inteligente, guapa, más que simpática, dulce y buena persona...y así le pagan. ¿Qué mierda tiene el tipo en la cabeza?..no sé. Sólo sé que años después van a tu casa a visitarte sin avisar, te llaman por teléfono e incluso te piden ser amigos por facebook.
Qué pena sus vidas, años después se dan cuenta que el valor que tenía esa persona.
Eso es lo peor de todo, que se arrepienten. Y digo lo peor porque cuando uno daña de esa forma el corazón de una persona ya no hay vuelta atrás. Digamoslo con todas sus letras, las segundas partes nunca son buenas, y en estos casos incluso son indignas.
Lo peor de terminar, fríamente analizándolo, radica en el amor propio. Es desastroso el efecto. Claro porque una se siente fea, sin valor, insignificante. Lo peor: uno se siente tonta. El cerebro hace un catálogo de momentos estúpidos que jamás uno habría hecho si no hubiera estado enamorada. A cada momento viene el cuestionamiento ¿¡Por qué hice eso!? Una se siente la más tonta de las tontas.
A propósito de la paridad, ahora me canta el grupo líbido "recuerdo, recuerdo, recuerdo, en esta habitación, tus labios, tus besos". Esa es la fase rancia. La que nadie quiere vivir y la que se traduce en el paradigma del masoquismo. Recordar como idiota cada momento, cada lugar, cada sabor, con exactitud. Y asociar, asociar, asociar, y llorar y llorar y llorar. ¡Rayos! "Como dueles en los labios, como duele en todos lados!
Las dos veces que he terminado lo decidí yo. Si claro, porque no me quedó otra. Lo que pasa es que hay una clase de hombres que son incapaces de ponerle punto final a las relaciones. Una lo tiene que hacer casi por instinto. Como sea, esas dos veces lloré una tarde y me calmé. ¿Un pelotudo merece más lágrimas que las de una tarde? Respuesta: OBVIAMENTE QUE NO.
Claro porque una se enamora del tipo tierno, simpático, comprensivo, blablablabla ese hombre que YA NO EXISTE. Quedarse pegada con la imagen de lo que fue es fatal. Claro porque uno sigue enamorada de alguien que se transformó en otro. Es inútil, una pérdida de tiempo y de suspiros. Hay tanto muchacho bueno allá afuera. Es cosa de abrir el corazón nuevamente. Y sé que es muy difícil volver a creer pero para mi es la clave de la vida. Nunca dejé de creer y pretendo no dejar de hacerlo.

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