miércoles, 29 de abril de 2009

Hoy me cubrió mi sombra

Hoy gané una hora. El profesor de mi última clase no asistió a darla por alguna razón y me gané esos 60 minutos con los que no contaba. Decidí tomar el camino largo y caminé una hora. Lo necesitaba. Miré la arcilla unos veinte minutos con un café de vainilla en la mano derecha.
Cuando la arcilla cambió por pavimento levanté la vista y miré muchas caras, y los ojos de las caras me miraban de vuelta con aire de pregunta. Supongo que mi cara de no-sé-qué-cosa no le era indiferente a nadie. Y no es que anduviera con algo en especial. Mis jeans eran los que usé todo el invierno anterior...mis zapatillas sucias, mi chaleco regalón que hasta me queda corto de mangas y una bunfanda eran todo lo que traía. El problema estaba en mi ojos, y todos, sin conocerme, lo sabían.
Pasé a comprar unos pasteles y seguí. Disfruté los olores de la calle, la fruta, las flores, las colonias (buenas o malas) de cada transeúnte, la pirueta que me dedicó un biker. Divisé un negocio de lanas, de esos antiguos, y me compré un par de ovillos para mi nueva bufanda. Llegué a Plaza de Armas y me di una vuelta por la "feria" del libro. Me recordó a la de cada año del Parque Forestal: mala, pobre y cara. Envidié secretamente a los argentinos y seguí.
Comencé a pensar en lo que fue y en lo que es...en todo lo que no va a ser. Y me di cuenta que no soy la que era y que no puedo hacer lo que hacía...que ante mi hay una escala de grises que no puedo transformar ni en blanco ni en negro.
Necesitaba tanto caminar y escuchar lo que la ciudad tenía que decirme. Cuando me explicó lo que tenía que entender llegué a ti y tu abrazo me calmó.

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